El civismo, ese gran desconocido

El civismo, ese gran desconocido

(1)Civismo: comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.

El civismo tiene mucho que ver con civilización, con respeto y con la coexistencia con otros seres humanos.

Además, es muy importante dejar claro que no cuesta dinero.

El civismo implica muchos aspectos de nuestra vida diaria, que con un poco de nuestra parte, podemos mejorar y hacer la convivencia más fácil para todos. Hay muchos casos que quizá no se relacionen con el civismo o la convivencia, como por ejemplo en el tráfico, el uso de los intermitentes (esos grandes desconocidos y que todos los coches traen de serie). No cuesta trabajo ni dinero encender esas luces que avisan de lo que queremos hacer y que permiten a los otros conductores saber y no adivinar, nuestras intenciones. Hay que tener en cuenta también que poner un intermitente tampoco da el derecho a una entrada en un carril o en la autovía en modo bulldozer, así que sólo hay que tener un poco de sentido común.

Otro sencillo ejemplo es el decir y responder a un simple buenos días. Qué poco gratificante es llegar a un lugar, decir  buenos días y oír un silencio sepulcral, como si de nuevo, costara dinero contestar. Lamentablemente también se da el caso contrario, gente que llega a un sitio donde ya había más gente y entran como una exhalación, plantándose allí, como testigos mudos de la situación. Atrévanse, díganles buenos días, póngalos en el aprieto de contestar. Hay que notar que la educación académica no conlleva muchas veces una educación para el civismo, y si no, comprueben como mucho personal sanitario, de grandes instituciones y compañías pasa por las salas de espera, llena de gente que los espera a ellos y parece que no han visto a nadie, no emiten ningún sonido y evitan cualquier contacto visual. Atrévanse, díganles buenos días.calcomanc3adas-en-plataformas1

Hay muchos más momentos incívicos, que no por pequeños son insignificantes, como dejar salir antes de entrar, evitando un amontonamiento tipo walking dead en las entradas a trenes, comercios y cualquier lugar donde antes de entrar, hay que asegurarse de que hay espacio para ello. Los autobuses o transporte público colectivo en general es otro caldo de cultivo para el incivismo. ¿Dónde han quedado  los auriculares? Cuánto daño han hecho los smart-phones. Si alguien quiere escuchar reggaeton, no hace falta que también lo oigan a varios metros a la redonda. Unos auriculares bastarían. Además, también se puede escuchar con los pies en el suelo, no hace falta que estén encima de los asientos de enfrente, donde otra gente se sentará quizá en la siguiente parada.

El habitar en el mismo espacio físico pero a diferentes alturas, también genera muestras de ausencia de civismo muchas veces poco explicables. ¿Hace falta arrastrar los muebles a horas intempestivas? ¿Se necesita usar el trompo para abrir taladros un domingo temprano por la mañana? ¿La música es necesario oírla a unos decibelios que no desmerecen a ninguna megadisco de Ibiza? Desgraciadamente los patios interiores son los intestinos de un gran organismo que es un edificio de viviendas y que comunica todos los pisos, para lo bueno y para lo malo. Esos portazos al salir de casa, pensando que mientras más fuerte se cierre, más segura es la puerta, y que provocan que saltes en tu sofá sin aviso previo.

Algo parecido pasa en los hoteles, a los que se va de vacaciones o por motivos de trabajo, y hay que aguantar a gente a altas horas hablando a unos volúmenes realmente inapropiados y abriendo y cerrando puertas del mismo modo que lo harían en un castillo medieval. ¿Se comportan así en casa también o es sólo cuando salen? No digamos nada de nuestros vecinos en las butacas de los cines. ¿No comen en casa? ¿Hace falta que comenten y prevean absolutamente todo de la película?

En fin, hay muchos ejemplos donde un simple gesto es muy de agradecer, y además, es gratis. Atrévanse, pongan el intermitente, digan buenos días, dejen salir antes de entrar, no hagan ruido innecesario, pruébenlo, no cuesta dinero. Y además, sienta bien, a los demás y a uno mismo.

ppPor Diego Elías Mateos (@10golias)

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