El planeta es una pelota sucia

El planeta es una pelota sucia

El planeta es una pelota sucia. Los sedimentos cargan los ríos, los animales no conocen la higiene individual, los pastos se componen de tallos de hierba irregulares e inexactos. El agua es una colección de bacterias microscópicas con formas horrendas. Las piedras de las montañas están mordidas, son desiguales, el cuerpo de las nutrias lo recubre una capa de barro y grasa pringosa, los perros comen los excrementos de los caballos. Las orejas de los monos silbadores brasileños son ridículas y exageradas, hasta incluso un elemento como los pies humanos, necesarios para el desplazamiento, desprenden un olor nauseabundo. La suciedad domina nuestro alrededor. Las marcas de lluvia recubren los salpicaderos de los coches, las hojas de los libros amarillean, las frutas se deterioran al cabo de tres días, la piel se cuartea, pierde elasticidad, cambia de color. Los gatos no pasan por la ducha en siglos. Las ramas de los árboles están dañadas, pierden parte de la corteza y se doblan. Los lagos, vistos de cerca, no son más que una concentración de líquidos turbios, algas y piedras oscuras. Los pelícanos están mal diseñados. El planeta es una inmensa fábrica de hedores. La suciedad lo preside todo. Hasta incluso usted, que se acaba de duchar, que acaba de aplicarse desodorante y perfume, que acaba de eliminar superficialmente varios cientos de miles de microorganismos adheridos a sus brazos, a sus manos, a sus piernas… hasta usted contribuye a que el planeta sea una pelota sucia en la que usted vive y a la que usted aporta deshechos y sedimentos nocivos. Usted es una pelota. Sucia.

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