El riesgo de inundación en las balsas de riego y su necesaria clasificación

El riesgo de inundación en las balsas de riego y su necesaria clasificación

¿Qué ocurre si colocamos nuestra casa en una zona de inundación? ¿Qué ocurre si se rompe una gran presa mundial? o ¿Qué ocurriría si se rompiera una simple balsa de riego local? ¿De qué otra forma la naturaleza podría generar una respuesta/ola de tal magnitud? La respuesta es que las sociedades antiguas y modernas hemos sido motores generadores de riesgos.

Pero… ¿Qué es eso del riesgo? Un buen matemático diría que el riesgo es la probabilidad por las consecuencias, pero, seamos prácticos. Una situación con un riesgo alto sería conducir en una autovía por el carril contrario a velocidad media, las probabilidades de chocar serían altas y las consecuencias graves, por ende, conllevaría un gran riesgo. Sin embargo, conducir a altas velocidades en un circuito de Fórmula 1 conlleva un riesgo menor, a pesar de tener las mismas consecuencias, la probabilidad de accidentar serían menores. ¿Y si lleváramos un autocar escolar? Las consecuencias en caso de colisión o vuelco serían tan altas que el riesgo sería grande. Es decir, si cualquiera de estos dos factores es alto tendremos un riesgo alto.

En la actualidad el censo de balsas de riego en nuestro municipio no está actualizado. Muchas de ellas son ampliaciones de antiguos embalses que se hacen sin el control riguroso que una obra de esta envergadura exige o simplemente son construcciones antiguas sin ningún tipo de control de calidad.

El Real Decreto 9/2008, de 11 de enero, por el que se modifica el Reglamento del Dominio Público Hidráulico, dicta que los titulares de las balsas con altura de dique superior a cinco metros o capacidad superior a 100.000 m3 están obligados a presentar una propuesta de clasificación, en función del riesgo potencial que pueda derivarse de su posible rotura o mal funcionamiento, y solicitar su inscripción en el Registro de Seguridad de Presas y Embalses.

Muchas balsas de riego de nuestra localidad tienen una probabilidad muy baja de rotura, en cambio las consecuencias podrían ser muy grandes, es decir, necesitan un análisis de los riesgos y es necesaria su clasificación. Lo anteriormente descrito podría sonar metafísico, pero nada más lejos de la realidad, en las inmediaciones de nuestra ciudad se están dando situaciones de deterioro de balsas, que pueden poner en riesgo cultivos, animales, edificaciones o incluso la seguridad ciudadana.

Por ejemplo, la balsa de la imagen ha sufrido una deslizamiento de talud, debido al rebose del agua por encima del mismo. Esta situación podría haberse evitado colocando un aliviadero, que en situación de emergencia encauza el agua y permite que no rebose, salvando a la balsa o presa de su situación más temida.

El control y certificación de una correcta ejecución en este tipo de infraestructuras son claves para garantizar la seguridad de la presa o embalse. Porque recordemos… ¿De qué otra forma se podría generar una ola de 8 metros en nuestra localidad?

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