El ruido de la calle contra la granja de cerdos en el Arabí

El ruido de la calle contra la granja de cerdos en el Arabí

El ruido de la calle lo ha cubierto todo. Ningún yeclano, salvo alguna excepción aislada, es partidario de la construcción de una granja porcina en el perímetro del monte Arabí. Más allá de expedientes, normativas y regulaciones medioambientales, debe tenerse en cuenta a la corriente de opinión pública que se manifestó en dos ocasiones el pasado sábado en contra de este dislate. La opinión pública, de un modo contundente, rechaza la explotación ganadera en el enclave natural. Cualquier gobernante sensato y con sentido histórico debería escuchar el rumor popular y agotar todas las vías legales antes de permitir que los intereses particulares de una gran empresa se impongan en la construcción de esta explotación en el primer monumento natural declarado por la UNESCO en la Región de Murcia. El pueblo ha hablado. Hemos hablado. Es hora de escucharnos.

La habilidad con la que el Grupo Fuertes ubica espacialmente la granja, justo en el límite territorial entre dos comunidades autónomas, añade más confusión administrativa al proyecto, puesto que el choque de competencias entre municipios y provincias complica todavía más la acción política. El Ayuntamiento de Yecla afirma conocer la instalación de esta factoría desde el mes de septiembre, aunque en los mentideros locales ya se hablaba de la cuestión durante el pasado verano. Por su parte, los agentes sociales insisten en que no fueron informados hasta mucho tiempo después (marzo de 2017), tras el periodo de exposición pública. Pese a la información publicada por Hécula magazine avisando de la compra de terrenos, los yeclanos no hemos encontrado un cauce de información oficial hasta que las máquinas han comenzado los trabajos. Es decir, nadie consultó en su momento a la población sobre una infraestructura que rompe la estética paisajística del monte Arabí. Pese a las medidas correctoras aportadas por El Pozo (instalación de chopos y cubiertas de las naves pintadas de color marrón), el impacto ambiental parece incuestionable, ya que los purines y estiércoles serán esparcidos por las hectáreas colindantes y el olor amoniacal, según todos los expertos, se incrementará especialmente durante los meses de verano.

Además, ANIDA apunta a que muchos de esos purines líquidos serán inyectados directamente al suelo afectando de este modo a la reserva hídrica de los acuíferos. El Pozo se escuda en que el proyecto cuenta con la autorización ambiental integrada concedida por la Consejería de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha, que garantiza que el emplazamiento elegido es el adecuado. En estos momentos, el Ayuntamiento de Yecla ha emprendido acciones legales mientras se intensifican los contactos con el consistorio de Montealegre y diputados autonómicos castellano-manchegos.

De forma espontánea, sin la intervención de los grupos políticos, se entán creando grupos de trabajo paralelos en los que activos de la sociedad civil local invierten su tiempo en busca de una solución al conflicto. Esperemos que no sea demasiado tarde y que la voluntad popular se imponga. Yecla no quiere mancillar su patrimonio histórico y natural; Yecla no quiere granjas de cerdos en su monumento más emblemático.

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