“En los años buenos llegué a vender 200 jamones durante la feria”

“En los años buenos llegué a vender 200 jamones durante la feria”

Los feriantes han comenzado el desmontaje de las atracciones y ruedas mientras los vendedores apuran sus últimas horas antes de trasladar sus caravanas a otros municipios. Abundan los coches cubiertos con lonas, las casetas tapadas, las manos cubiertas de grasa de los operarios. El olor a mudanza.

La Feria de Septiembre es historia.  Atrás quedan decenas de actividades culturales, deportivas y, por supuesto, lúdicas. El balance resulta contradictorio y desigual. Predomina el optimismo frente a años anteriores, aunque la mayoría de los empresarios remarca el claro descenso en las ventas. La sensación mayoritaria es abrumadora: la crisis ha golpeado con fuerza.

Los feriantes coinciden en que el volumen de negocio ha caído de un modo “abismal”. La propietaria de un puesto de regalos asegura que “vendemos aproximadamente el 70% menos que hace 10 años, es la feria que más se ha resentido de toda España. Aunque hemos mejorado algo con respecto a 2014, la recuperación todavía no ha llegado. Este pueblo era de lo mejor que había, comparable incluso con las grandes capitales. Actualmente no es así: no es justa la fianza que pagamos porque no estamos en igualdad de condiciones”.

En esta misma línea crítica, otros feriantes recalcan que “notamos más ambiente el año pasado. Ahora no gestionamos directamente el contrato de luz y hemos tenido que recurrir a un grupo electrógeno. Hemos tenido menos ingresos y más gastos, sin duda alguna ha sido la feria más floja de los últimos 30 años”.

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Pese a todo, algunos negocios mantienen su volumen de ventas y sus dueños se muestran moderamente satisfechos. Es el caso de el propietario de un puesto de alimentación, quien no duda en señalar que la feria “siempre ha sido muy buena. La crisis económica nos ha afectado a todos, pero nos sigue resultando rentable venir aquí. Los sábados hemos salido adelante, pero los viernes hemos notado un bajón importante”.

En el otro extremo, los puestos de venta ambulante han sido especialmente perjudicados por “el excesivo precio del alquiler para cinco metros cuadrados. Es mi segundo año aquí y aspiro solamente a vender 40 o 50 euros diarios. Ha ido muy mal el negocio. Es una de las ferias más caras que conozco. El año que viene volveré si no tengo más remedio, lo más importante es alimentar a mi familia”, asegura un inmigrante senegalés que prefiere preservar su anonimato.

“Yecla es la reina del jamón graso, criado específicamente en Lugo y secado en Segovia. He llegado a vender 200 jamones en dos fines de semana”, apunta con orgullo el responsable de una tienda de embutidos. “Esta feria era uno de los puntos más rentables del país, pero bajó considerablemente hace unos años. En esta edición he notado una cierta mejoría y confio en que se consolide”, concluye apresurado porque “quiero marcharme a casa a descansar”.

 

*Los protagonistas de este reportaje han preferido preservar su anonimato.

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