“La igualdad de género en los países del este de Europa”, por Calin Pamparau

“La igualdad de género en los países del este de Europa”, por Calin Pamparau

Como catalogué en mi anterior artículo al rumano de “típico rumano retrógrado”, haciendo referencia  a su forma y contenido de educar a su semejante, aquí os voy a hablar de la igualdad de género en los países del este europeo en general y de Rumanía en particular.

Como vemos hoy día en pleno siglo XXI, en Rusia todavía la homofobia sigue presente en la memoria del hombre del este europeo. No podría describir su arraigado pensamiento para con la igualdad entre seres humanos, creyéndose ser “un ser superior” al que es homosexual, transexual o de cualquier otra orientación. He de decir que este hecho tan deleznable, criticable para con ésta comunidad social es meritorio de castigo por parte de las autoridades del estado, puesto que todos somos seres humanos iguales ante la ley y sobre todo ante Dios y como tal debemos respetarnos unos a otros. En Rusia la mayor parte de la población está a favor de esta homofobia, hoy día incluso más, concretamente un 68 % de la población rusa.

En Rumania hasta la integración en la Unión Europea en 2007 estaba castigada, aunque su legalización fue en el año 1996. He de decir que en Rumania en la actualidad este género está protegido por las leyes anti discriminatorias.

Rumanía, junto a España, se encuentra en el conjunto de países donde ha habido un progreso ejemplar en combatir abusos sobre esta identidad, con lo cual me congratula y me llena de orgullo al ver este ejemplo tan humano que tienen estos dos países. Aunque aún es discriminatorio el hecho de ser mujer. El hombre de los siglos anteriores y el presente la cataloga a menudo de “no ser” y eso me provoca un paroxismo interno de pena y desasosiego espiritual.

Una investigación  efectuada por la Inspección General de la Policía Rumana (IGPR) da una imagen preocupante de la vida de las familias en Rumanía. El 50% de los participantes en la encuesta considera que la violencia dentro de la familia es algo normal. También según este estudio, el número de infracciones de este tipo crecieron, el pasado año 2010, un 26% con respecto a 2009, a la vez que el número de agresiones mortales se ha doblado.

El informe establece que todas las formas de violencia familiar solo tienen un objetivo: el de castigar y mantener el control sobre la victima. No se limita solamente a agresiones físicas, sino en la manipulacion con el fin de provocar miedo, verguenza y culpa. Muchas veces se convierte en un círculo vicioso, pasando el comportamiento de generacion en generacion.

En el código penal rumano la violencia familiar esta castigada con de 1 a 5 años de cárcel, aunque como hemos dicho la crisis y la miseria económica han acrecentado los casos. La mayoría de las veces estos delitos no se denuncian precisamente por el miedo que generan, y por las dificultades que supone el procedimiento. La legislacin que prevee la protección de las víctimas es, por otro lado, incompleta, no existiendo ninguna previsión de restricción del agresor para evitar el contacto con sus víctimas.

Igualmente, los centros de asesoramiento gratuitos para las víctimas de la violencia domestica son muy pocos, insuficientes, existiendo solamente en las grandes ciudades, como Bucarest, Iasi, Timişoara, Suceava y Târgu Mureş, dejando sin cubrir la mayor parte del país y, especialmente, las zonas rurales.

Las mujeres que sufren el abuso en su vida familiar no tienen a quién acudir, dicen los especialistas, ni información sobre cómo actuar. En estas condiciones viven miles de mujeres y de niños rumanos, estos víctimas directas o colaterales de la violencia en casa.

Así que si para los rumanos, según muestran los preocupantes ultimos informes, la violencia de género es algo normal, los españoles, lamentablemente, tampoco son un ejemplo de lo contrario. Y aun peor estan las cosas en la primera potencia mundial, el espejo ideológico donde el resto de sociedades se suelen mirar.

La gran diferencia de un ser con otro es que el que se adapta a los cambios crece espiritual y mentalmente; mientras que el otro empequeñece como ser, como persona y por supuesto pierde toda credibilidad y gana toda falsedad hacia el ser al que mira y que es mirado. Este es el “típico rumano retrógrado”.

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