La televisión y sus camerinos

La televisión y sus camerinos

Un defecto de forma en Madrid. Los provincianos siempre estamos desprovistos de algo en esta ciudad, nos faltan brazos o visión aérea para perimetrarla. La industria audiovisual, lo que sale en la tele, se fabrica en las afueras, en espaciosos polígonos de naves sin la magia del directo en el salón. Los músicos y las actrices que acuden a entrevistas se maquillan en camerinos de hierro, se adentran en pasillos repletos de cables y, de un salto, aparecen en las pantallas cubiertos de purpurina y aplausos. Qué desubicados esos aplausos en los márgenes, qué poco calor suministra la televisión. En una sala de la planta superior los trabajadores analizan contenidos y miden los impactos; adornan con números y fechas. El rostro de cada protagonista es una línea de share, un porcentaje. Con un programa de edición vengan esas luces de estrella que a ellos se les niega. Hasta en el parking salen perdiendo, hasta en el autobús que los distribuye por ese boulevard de estrellas en el que no existen son menos que cero. No existe ninguna actividad mercantil más descompensada en sus fundamentos que la industria audiovisual, en la que la labor de cientos queda reducida al lucimiento de unos cuantos: trabajadores sin derecho al cielo frente a influencers, chófers frente a metro, fama frente a autobús. Y luego Madrid, ya tarde, despiadada y sola. Esa ciudad menos épica de vagones semivacíos a la hora de cenar, en la que inmigrantes y precarios con bolsas de mano caen rendidos siguiendo el traqueteo de sus cabezas, ocupando dos asientos para aligerar un poco sus piernas. Esa ciudad de trasbordo sudoroso, ropa heredada y mercadillo: bocadillo en el andén y ensalada en túper. Cada uno de nosotros carne del Instituto Nacional de Estadística, cifra de donaciones de órganos o porcentaje de camas ocupadas en el hospital. Con un deslizador de vídeo, los famosos desaparecen de las pantallas para entrar en un mundo de pasillos mal iluminados y máquinas expendedoras. La vida real, mientras, sigue siendo mortal y rosa.

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